
[…] Cada mañana bostezas, amenazas al despertador
Y te levantas gruñendo cuando todavía duerme el sol
Mínima tregua en el bar, café con dos de azúcar y croissant
El metro huele a podrido, carne de cañón y soledad […]
Mis recuerdos de esa canción tienen más años que tú. La primera vez que escuché a Joaquín Sabina fue recién entrando a la Universidad. En esos días tuve un novio que, aunque nacido y criado en México, se creía español porque sus padres lo eran. Con el novio mexispañol escuchaba y cantaba un sinúmero de canciones de grupos y solistas españoles. Varios de ellos conocidos y otros a los que en ese entonces sólo tuve acceso mediante grabaciones en cassettes. Te estoy hablando de 1987-1992, cuando Internet no era parte de la vida cotidiana.
Caballo de Cartón fue una de mis canciones favoritas, no sólo de Sabina, sino en la vida. Recuerdo que cuando empecé a trabajar, me sentía identificada con esa mujer que viajaba en un metro maloliente, su magro desayuno y su apechugar con los vulgares “piropos” callejeros. Me daba risa el “amenazas al despertador”. Ese gesto inútil tan chistoso para mí.
Hoy día citar a Joaquín Sabina no me hace sentir particularmente eufórica. Ya no me gusta. Al menos no lo que produjo después de los ’80s. Pero es inevitable, siempre que voy a decir “cada mañana”, esa rola me viene a la mente. Y pues, cada mañana despierto, me dan ganas de romper el despertador, tomo una foto de lo que tengo enfrente de mí, y te la mando.
Te mando esas fotos diariamente para contarte que lo primero en lo que pienso cuando despierto cada día, desde el día que naciste, eres tú, Ameneh (… aunque Inés para mí).
Te quiero.
Mamá.
